sábado, 29 de noviembre de 2014

Las "ridículeses"




Mamá, ya me inscribí al examen de ingreso a la carrera.
─ Hija, muéstranos a tu madre y a mí donde dice que serás una futura psicóloga.
─ Ammm… papá, me inscribí a Literatura Latinoamericana.
─ …

Todo se ven tan lejano ahora. 
Tan cruel es el tiempo que ahora nos cayó con sus bromas nostálgicas.
 «Espero que te estés divirtiendo… hijo de puta.»
Hey Jude...

Quién diría que yo escribiría algo tan sincero después de tanto tiempo (siempre las quise chicas, me refería a un texto tan largo), todo porque a unos graciositos les pareció lindo hacer una reunión por ser nuestra última clase juntos. Compraron lo que a todo buen literato no le debe faltar: comida. "¡Dejen a un lado todo eso de pensamiento crítico y triste señores, esto es para divertirse!" Esa fue la orden implícita que nos pusimos cada uno.  He ahí el porqué una canción estuvo ausente en esta emotiva despedida: todos queríamos reírnos como siempre. No tenían espacio los sentimentalismos explícitos en esos momentos.

Fotos (que siempre odié que se hicieran), pláticas (que jamás pensé que me alegrarían escuchar), planes a futuro (¡qué aterrador!) y grilla (¡vivan los literatos!). Toda una reunión hecha con un sinfín de todos que parecíamos estudiantes de 2° año de carrera: sin preocupaciones ni miedos. No, ellos no estuvieron invitados.

Quién quiere olvidar estos cuatro putos años de momentos tan… inexplicables. Tan fantásticos y llenos de caos. Dicen que el alcohol es un buen amigo pero creo que es más bien un “experto de relaciones interpersonales”… o eso me dije después de conbeber con mis compañeros de clase después de un año de ignorarnos.  Formé parte de un grupo horriblemente elitista donde las malditas se hicieron llamar “Manzanas ------” (Lo demás no importa, al final se sintetizó el nombre) que eran un grupo de 6 lindas señoritas (es para acortar términos y no discriminar) que miraban a todos de ladito, con cuidado y puro nefasteo. Para que esto se ampliara cada vez más haciendo que el nombre se desvaneciera junto con las líneas que nos dividían como grupo; claro que nosotras lo seguimos usando porque es un bonito recuerdo.

Poco a poco cada uno se fue retirando conforme a la marcha, pero no por ello dejaron a un lado los recuerdos y siguieron manteniendo esa estrecha relación con los que quedamos. Cada uno demostró su forma de ser dejando los prejuicios a un lado… y eso no fue grato para algunos, ellos saben quiénes maestros son.

-          No es lo mismo que se salgan 3 personas a que se retire un grupo entero
-          Cada año se estrenaba nuevo maestro en el grupo, cada año se cambiaba de profesor porque todos "tenían mejores aspiraciones".
-       Cierta maestra tuvo que cuidar niños porque dar dos clases a un mismo grupo de "pésimos estudiantes" no es agradable.
-   Un maestro que se sintió con el grupo y nos acusó con medio plantel escolar, además de burlarse en nuestra de cara de nuestras evaluaciones.
-   Cierto docente que nos exhibió por plagio en los ensayos por "reciclar" nuestros trabajos.

Quizás no fuimos el mejor ejemplo de alumno, pero fuimos los que más allegados estuvieron. No hay espacio para rencores ni envidias en este pequeño espacio. Las tonterías de cada uno, así como los gustos particulares nos hicieron conocer y ampliar nuestro mundo. Sus peculiaridades son tan únicas que espero no volver a toparme con alguien más como ellos. El camino está a punto de dividirse en varias sendas donde sólo unas elegidas volverán a unirse.

Sí, nos dirán ridículos por estar tan maricas en estos momentos sólo por ser nuestra última clase juntos… que nos veremos el otro semestre en la Facultad. Si, quizás sea cierto, pero a diferencia de los abogados, psicólogos, médicos, enfermeros, etc. que tienen a cientos de compañeros; nosotros nos congregamos en un pequeño salón en cada generación de nuevos literatos.

Porque si bien mi blog se llama “sentimientos efímeros”, créanme que este fue creado cuando aún no los conocía, cuando creía que todo sería tan pasajero como estos 4 años que se limitaron a marcar nuestra juventud. Y si por algo debo de maldecirles, será por mi nerviosismo cuando, al estar en la calle, en el camión o incluso en mi sala, se escuche “Hey, Jude” y no pueda reprimir un recuerdo de aquellos que tomaron mi mano en este camino y que este se exprese en 25 lágrimas.

Remember to let her into your heart



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